
Y seguimos escudriñando el lenguaje corporal de los candidatos, casi que pidiendo que nos entretengan, nos diviertan o nos tranquilicen.
Nos empujamos los datos de las votaciones e intentamos sacar alguna conclusión.
Ojalá pase algo.
Como que cambien el sistema de votación. Digo yo.
O que alguien lleve a la pobre Hillary al baño.
By the way, abajo, otro recordatorio de que el viejo Oliphant no tiene paz con nadie.



